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domingo, 24 de agosto de 2008

El secreto de la Coca-Cola

presenta un documento sin autor que habla de los remedios contra la sed. ¿Será cierto lo que dice sobre las bebidas de cola? ¿Será falso? Lo bueno para los responsables de este tipo de bebidas es que el texto es muy largo y cuesta leerlo. Lo malo para los adictos a estos líquidos refrescantes es que podría tener razón el experto anónimo. (Aunque el hecho de que sea una persona anónima siempre resulta intrigante y sospechoso). De cualquier forma, aquí dejo el texto que quiero compartir con vosotros:

El autor del texto guarda el anonimato (él dice que por motivos obvios) y googleando no he encontrado la autoría.

¿Sabes lo que bebes? Todo sobre la Coca-Cola

En realidad, la fórmula secreta de la Coca-Cola se puede detallar en 18 segundos en cualquier espectrómetro óptico, y básicamente la conocen hasta los perros. Lo que ocurre es que no se puede fabricar igual, a no ser que uno disponga de unos 10 billones de dólares para competir con Coca-Cola ante la justicia (ellos no lo perdonarían).

La formula de la Pepsi tiene una diferencia básica con la de la Coca-Cola y es intencional, para evitar el proceso judicial. No es diferente porque no pudieron hacerla igual. Es a propósito, pero suficientemente parecida como para atraer a los consumidores de Coca-Cola que prefieren un gusto diferente con menos sal y azúcar.

Mi profesión

Me tocó, entre otras cosas, aprender todo sobre las gaseosas para fabricar Guaraná Golly en EE.UU.

Tuve que aprender química, entender todo sobre componentes de gaseosas, conservantes, sales, ácidos, cafeína, enlatado, producción, permisos, aprobaciones y mucho más. Monté un mini-laboratorio de análisis de producto, con equipos hasta para analizar sólidos. Incluso, desarrollé programas de PC para cálculo de la fórmula con base en los volúmenes y tipo de envase (plástico o aluminio), pues eso cambia los valores y el sabor.

¿Sal en la Coca Cola?

Es exactamente el Cloruro de Sodio en exageración el que refresca y al mismo tiempo da el doble de sed, como para pedir otra gaseosa. Y no resulta desagradable porque la sal mata literalmente la sensibilidad al dulce… del que por cierto también tiene mucho: 39 gramos de azúcar. Es ridículo. De los 350 gramos de producto líquido, más del 10% es azúcar, o sea que en una lata de Coca-Cola más de un centímetro y medio es puro azúcar. Aproximadamente ¡¡tres cucharadas soperas llenas de azúcar por lata!!

La formula de la Coca Cola es muy sencilla:
El uso del ácido fosfórico y no del ácido cítrico como todas las demás gaseosas, es para dar la sensación de dientes y boca limpia al beber. El ácido fosfórico literalmente fríe todo y en alta cantidad puede hasta causar daños al esmalte de los dientes, cosa que el ácido cítrico ataca con mucho menos violencia.

Trata de comprar ácido fosfórico para ver las mil recomendaciones de seguridad que dan para su manipulación (quema el cristalino del ojo, quema la piel, etc…). Está prohibido usar el ácido fosfórico en cualquier otra gaseosa; sólo la Coca Cola tiene permiso. Porque claro, sin él, la Coca Cola quedaría con gusto a jabón.

El extracto de coca y otras hojas casi no cambia en nada el sabor. Es más bien un efecto cosmético, así como no se siente el gusto ni el olor del guaraná (que es amargo). El extracto forma parte de la Coca-Cola porque legalmente tiene que ser así. Pero sin él, no se nota ninguna diferencia en el gusto, que está dado básicamente por las cantidades diferentes de azúcar, azúcar quemado, sales, ácidos y conservantes.

¿Sabores a qué…?

Hay una empresa química aquí en Bartow, sur de Orlando. Los he visitado muchas veces. Ellos producen aromatizantes y esencias para zumos. Mandan sales concentradas y esencias el día entero, camión detrás de camión. Ellos los producen para fábricas de helados, gaseosas, jugos, enlatados y comida colorida y aromatizada.

Visitando la fábrica, pedí ver el depósito de concentrados de frutas, que debería ser inmenso, lleno de reservorios inmensos de naranja, piña, fresa y tantos otros. El encargado me miró, se rió y me llevó a visitar los depósitos inmensos… de colorantes y más de 50 tipos de componentes químicos.

  • La gaseosa de naranja es la que no tiene naranja.
  • En los zumos de fresa, hasta los puntitos que quedan en suspensión están hechos de goma (una liga química que envuelve un semi-polímero).
  • Piña, es un festival de ácidos y más goma.
  • La esencia para helado de aguacate usa hasta peróxido de hidrógeno (agua oxigenada) para dar aquella sensación espumosa típica del aguacate, en el paladar al comer.

La segunda gaseosa más vendida en EE.UU. es Dr. Pepper, siendo el producto más antiguo de todos, más aún que la propia Coca-Cola. Esa gaseosa era vendida, obviamente sin refrigeración y sin gasificación allá por 1800 y algo, en botellitas tapadas con corcho, como medicamento, en las carretas ambulantes que se ven en las películas del viejo oeste americano.

Aparte de curar el dolor de barriga y la uña encarnada, también quitaba la mancha de óxido de una cortina y ayudaba a renovar la grasa de los ejes de las carretas.

Para el que no lo sepa, Dr. Pepper tiene un sabor horrible, muy fácil de reproducir en casa: abre la boca y aprieta el spray del Réflex (producto que usan mucho los jugadores de fútbol para calmar rápidamente los dolores de golpes y contusiones). Ese es el gusto del Dr. Pepper.

Bebidas light

Ahora ¿queréis saber la cantidad de basura que tiene un refresco “light”? Yo no la uso para destapar la pileta de mi cocina porque me dan pena los tubos de PVC. La teoría sería buena si no fuera porque los productos endulzantes “light” tienen vida muy corta. Por ejemplo el aspartamo, después de tres semanas mojado, pasa a tener gusto de trapo viejo sucio.

Para evitar eso, se agregan una infinidad de otros productos químicos, uno para alargar la vida del aspartamo, otro para neutralizar el color –para que los dos químicos juntos dejen el líquido turbio–, otro para mantener el tercer químico en suspensión –porque si no el fondo de la gaseosa queda oscuro–, otro para evitar la cristalización del aspartamo, otro para realzar, dar más intensidad al ácido cítrico o fosfórico que acaba sufriendo por la influencia de los cuatro productos químicos iniciales … y así sigue, la lista es enorme.

Un consejo finalDespués de toda mi experiencia con producción y estudio de gaseosas, puedo afirmar:la mejor bebida es el agua, si es mineral tanto mejor, naranja o limón exprimido y hielo. Nada más, ni azúcar ni sal.

jueves, 14 de agosto de 2008

Una Coca-Cola, por favor




Curioso este post que encontré en El Cronista nº 13.

Cada vez que sedientos, alzamos la mano para llamar la atención del camarero/a y formulamos esta frase, nos estamos condenando al más nocivo de los efectos que acompaña a este tipo de bebidas gaseosas carbonatadas. Sin embargo, valga lo paradójico de la cuestión, los anunciantes de este cóctel glucosado llamado Coca-Cola siempre lo exponen al público acompañado de una persona que, sin ánimo de ofender, no para de sonreír cual subnormal colocado mientras lo sostiene o bebe de una de estas botellas.
El agresivo marketing por parte de esta compañía así como el tropel de anuncios subliminales con el que nos bombardean a diario, consciente e inconscientemente, han provocado que por fuerza y erróneamente asociemos la presencia de esta adictiva bebida, a la felicidad. Originalmente, el nombre Coca-Cola sólo hacía referencia a su primer componente, la cocaína, que aunque hace más de cien años que ya no se emplea en la fabricación de este refresco, fue uno de los principales y saludables aditivos que conformaba la composición final de su tan secreta fórmula.
Durante los primeros diez minutos, tras la ingesta de una Coca-Cola, 39 gramos de azúcar recorren nuestro tracto gastrointestinal descompensando drásticamente el equilibrio osmótico del tubo digestivo con el medio envolvente. Tal concentración de glucosa atrae al agua de toda la cavidad peritoneal provocando una deshidratación casi inmediata del organismo al viajar la misma desde el medio externo, al tracto digestivo donde se haya el azúcar. Esto, eventualmente puede ocasionar diarrea dada la mezcla de heces y agua.
Trascurridos veinte minutos, gran parte de la glucosa ya ha pasado a sangre aumentando la glicemia total y provocando un incremento súbito de insulina. A nivel hepático, se desencadena una respuesta inmediata y con tal de reducir la ingente cantidad de azúcar en sangre, el hígado procederá a transformar la glucosa en glucógeno a través de la glucogénesis.
Tras cuarenta y cinco minutos la totalidad de la cafeína ya discurre libremente por el torrente sanguíneo causando las mismas respuestas que cualquier estimulación simpática dada su mimética actividad adrenérgica. Los efectos más inmediatos son la excitabilidad característica, midriasis pupilar (dilatación de la pupila) y estrés fisiológico que trata de compensarse con la liberación, a nivel cerebral, de dopamina, el neurotransmisor responsable de crear una falsa sensación de alivio, satisfacción y bienestar. Este mecanismo es muy similar al llevado a cabo por algunas drogas que terminan creando una adicción casi irreversible.
Como complemento al amplio repertorio de acciones nocivas que conlleva el consumo de una sola Coca-Cola, hay que tener presente la acción del ácido fosfórico que inhibe a nivel intestinal la reabsorción de zinc, calcio y magnesio, elementos que deberían ser absorbidos dada su gran importancia metabólica y en el mantenimiento de los huesos largos. De ahí el hecho de que la Coca-Cola sea una de las causantes de la descalcificación ósea.
Para terminar, la reabsorción de agua y otros electrolitos como el sodio, también se bloquea. Lo que conlleva a que se expulsen por la orina, con lo cual, no sólo nos deshidratamos sino que además perdemos todo tipo de elementos nutrientes para nuestro organismo.
Pasadas algunas horas notaremos nuevamente el enganche de la cafeína al cesar la liberación de dopamina y desaparecer la sensación de bienestar. A este estado de pseudo ansiedad le sucederá el visionado de otro anuncio de Coca-Cola, que inconscientemente asociaremos con una sensación de alivio y agrado por lo que nos veremos impulsados a consumir dicho producto nuevamente con tal de sentirnos bien y satisfechos. Así pues, que me traigan una Coca-Cola.